sábado, 15 de marzo de 2014

Bitácora de un sueño III y IV

Domingo, 24 de octubre de 2010

—III—

La verdad es que vengo para decir que no tengo tiempo de escribir nada. Ni siquiera tengo tiempo de seguir con estas reflexiones.
Me he levantado más tarde que ayer y, como siempre, lo primero que he hecho ha sido ir al correo electrónico, para ver qué tenía por allí. Alena regresó de la Sierra, y ya está en pleno trabajo. Por lo que dice anda un poco mejor.
A Mª Jesús no hay forma de que le llegue la versión electrónica del número dos de La Esfera, ni Pepe, ni Mercedes, ni yo somos capaces de hacer que su bandeja de correo se quede con esos envíos.
Dácil aún no ha publicado su capítulo de la novela de 7 plumas. En realidad era esto lo que buscaba, por ver si las primeras horas de hoy me facilitaban la idea de por dónde tiene que ir mi último capítulo. Pero no ha podido. Así que hasta la noche no podré mirarlo. Espero que no pase nada.
Precisamente esta novela (no sabemos aún si se terminará por titular Oscurece en Edimburgo [así se titula]) me va a ocupar buena parte del tiempo, creo, con la elaboración de este libro. Entramos en la fase final. Se trata ahora de convertirla en papel, o sea en libro editable, antes de que se pueda enviar a la imprenta.
Ya ayer revoloteaba el tiempo por mis líneas, y hoy ha salido un par de veces o tres…
Ya me empiezo a presionar.
Este ha sido uno de mis errores.
Creo que tengo que cambiar la idea inicial de modo claro y contundente. Este libro del que ando balbuciendo sus primeros pasos, o sembrando sus primeras semillas, tiene un horizonte, pero si no llego a él no pasa nada, ya le llegará su oportunidad. Lo importante es que quede un buen libro. Un libro de poesía que merezca la pena. Es decir, estoy escribiendo un libro de poesía, y eso no debe tener plazo. Tal y como soy está bien que me ponga una cruz en el calendario, pero que esta marca no se convierta en obsesión, sino en acicate… Como no me grabe estas palabras en un tatuaje, sé que, al final, me aceleraré.

—IV—

De todos modos escribir un libro de poemas, tiene una dinámica bien distinta de escribir un relato, una novela. La poesía es otra cosa.
Y ahora que lo digo, ¿qué es la poesía?
Imposible responder.
¿Qué es para mí la poesía?
Y ya lo tengo que dejar. Estoy más pendiente del reloj que de las ideas. Esclavo de mí mismo. Soy un esclavo de mí mismo…

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